Influencia Social

"Los héroes son los que de alguna manera pueden resistir el poder de la situación y actuar por motivos nobles, o se comportan de manera que no hacen degradar a otros cuando fácilmente pueden"

Las Neuronas

"Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles y elevadas inquietudes". Ramón y Cajal

El cambio "Duele"

"La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mi mismo puedo cambiar".Carl Rogers.

Inteligencia Emocional

"La infancia y la adolescencia constituyen una auténtica oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de nuestras vidas" Daniel Goleman

Nuestros pensamientos

"Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos". Buda

martes, 1 de septiembre de 2015

El Ego a salvo tras una ruptura sentimental...

Si nos disponemos a enumerar cada una de las emociones que llegamos a experimentar a lo largo de nuestra vida nos daríamos cuenta que son más las emociones y sentimientos negativos que los positivos. Con esto no me estoy refiriendo a caracteres de personalidad, ni tampoco a estados anímicos de un individuo a una situación determinada. No es algo individual, sino una característica de nuestra especie. Poseemos un repertorio emocional fruto de la selección natural. Esto es, para protegernos, para salvaguardarnos de los peligros, para asegurar nuestra supervivencia, para ello surgieron las emociones. Sin ellas hoy no estaríamos aquí . Las emociones básicas son seis: alegría, sorpresa, miedo, ira, asco y tristeza. Si nos fijamos, el resultado es favorable a las emociones negativas. Las emociones son reacciones psicofisiológicas que produce nuestro organismo ante la presentación de estímulos tanto externos (un ladrón) como internos (pensamientos). A través de esas reacciones de nuestro organismo se desencadenan una serie de respuestas automáticas que serán evaluadas por nuestra mente, relacionando el estímulo, la reacción psicofisiológica dada y el resultado final para, posteriormente, desencadenar un sentimiento determinado. Tras esa relación, lo que Antonio Damasio denominó Marcador Somático, es cuando se produce el sentimiento.

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Dicen, y no deben ir demasiado mal encaminados los que lo dicen, que hacen falta diez buenas acciones para equilibrar una mala acción. Si, por ejemplo, nos fijamos en los procesos de condicionamiento clásico. Un estímulo neutro (una campana) presentado repetidas veces junto con un estímulo incondicionado (alimento) producía una respuesta condicionada (salivación) casi con la misma fuerza asociativa que la respuesta incondicionada (salivación) posterior al estímulo incondicionado (alimento). Esto es, la campana en sí no produce ningún tipo de respuesta. El alimento produce una respuesta que es la salivación. Cuando se empareja la campana con el alimento las suficientes veces, de la forma contingente, se asocian, llegando el momento que el simple sonido de la campana produce salivación. Esta asociación es el principio del condicionamiento clásico y, como este, hay infinidad de ejemplos. Esto ocurre, como hemos dicho, tras el emparejamiento de los estímulos neutros e incondicionados repetidas veces.
Imagina que montas a caballo desde hace varios años. Eres un jinete experto. Realizas saltos de obstáculos y galopas a gran velocidad. Tu dominio del ecuestre es tal que has ganado varios premios regionales en doma y salto. Pero un día de infortunio ocurre el desastre. Hacía viento y una bolsa de plástico que algún desarmado y guarro espectador dejó caer al suelo fue arrastrada hasta el interior del picadero asustando a tu noble caballo que, realizando un movimiento brusco e inesperado, te tira de la silla y caes al albero. Luxación de hombro y la cadera dislocada. Tras la recuperación no vuelves a ser el mismo. Has montado miles de veces y ahora, tras la caída, tras una sola caída, te encuentras atemorizado y tu corazón se dispara con el solo pensamiento de volver a montar a caballo. Un solo emparejamiento hace que tengas miedo a montar a caballo. ¿Cuántas veces debes montar a caballo sin sufrir daño alguno hasta que se te quite el miedo que adquiriste tras el accidente? Seguramente más de diez.  Parece ser que cuando a supervivencia se refiere un solo emparejamiento es suficiente para asociar los estímulos.

Nuestro cerebro está preparado para garantizar nuestra supervivencia, y esta es la razón por la que, primero, hacen falta diez buenas acciones para compensar tan solo una mala acción y, segundo, para que nuestro repertorio de emociones negativas sea superior que al de emociones positivas. En éste último caso, que no sintamos alegría no pone en juego nuestra supervivencia, pero si no sentimos miedo podemos ser asesinados, si no sentimos asco podemos ingerir un alimento podrido que nos lleve a la muerte, si no sentimos ira no podríamos defendernos, y así sucesivamente.

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¿Compensa enamorarse?

Conociste a tu media naranja. Fue un flechazo en toda regla. Estabais en el lugar preciso en el momento oportuno. Esas miradas, esos guiños y esa sonrisa que nunca podías dejar de mirar cuando estabais juntos, e imaginar cuando la distancia se interponía entre vosotros. Estabais recelosos, pues el amor, mejor dicho el desamor, ya había hecho mella en vosotros en relaciones anteriores. Pero, ¿cómo no apostar por un sentimiento tan fuerte, por una sonrisa tan pura y mágica, por los momentos del vino y de lunas llenas, por los fuegos artificiales en forma de corazón, por el aroma de su cuerpo y el tacto de su piel?

Os enamorasteis, y en seguida os fuisteis a vivir juntos. Pronto os convertisteis en los mejores amigos, en amantes, en el hombro y apoyo del otro. Compartíais las alegrías y los buenos momentos, pero también las tristezas y los momentos no tan buenos, cuando los que siempre estaban desaparecían. Vigía de tus pesadillas, de tus miedos e inseguridades, guardián de tu pasado, juntos de la mano hacia un futuro. Era fantástico sentirse el uno parte del otro.

Pero un día todo se acabó. Lo supiste cuando le viste la cara al despertar. Ya no hay amor. La relación se rompe.  Se terminó.

Desconocidos, conocidos, amigos, amantes, pareja. Esta debiera ser la jerarquía ideal en la formación de una relación. Para ser amigos tendrían que ser conocidos y para ser pareja antes debieran ser amigos. Todo esto en un mundo ideal y perfecto, obviamente. ¿Cuántas parejas hay que no son ni amantes ni amigos y amantes que ni se conocen? De este modo, siguiendo esta jerarquía, ¿cómo es posible que cuando la pareja se termina, muchas veces, más de las que nos gustaría, se saltan todos los escalones anteriores de una sola vez? ¿Cuántas  personas “que solían conocerse” podríamos encontrarnos? La pareja se rompe, y dejan de ser amantes, y dejan de ser amigos, y dejan de ser, si pudiera decirse, hasta conocidos. Incluso podrían bajar a las profundidades del odio.

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¿Qué nos impide mantener una amistad con una ex pareja incluso cuando los sentimientos “románticos”, por así llamarlos, han desaparecido? Obviamente, para que una amistad pueda desarrollarse una vez finalizada una relación sentimental con éxito ambas partes deben tener los corazones curados. Pero, una vez esto, ¿cómo no ser amigos?

Partiendo de la base que cada uno de los miembros de la pareja siempre actuó de la mejor forma que pudo, ¿por qué no florece una amistad? Quizás porque te fue infiel pero, ¿por qué te fue infiel? Quizás buscaba un cariño que no tenía. Claro que podría haberlo hablado en lugar de haber sido infiel. Claro que en esa relación no había comunicación. Entonces, ¿qué más da? ¿No fueron muchos, y estoy seguro que en la mayoría de las relaciones fue así, los momentos buenos? ¿No fueron éstos más abundantes que los malos? ¿No hubo amor, cariño, ternura, comprensión? ¿Cuántas veces os hicisteis el amor? ¿cuántos abrazos? ¿Cuántas sonrisas?

Estoy seguro que, salvo excepciones, en la mayoría de los casos los momentos buenos superaron a los malos. Y es el Ego, el ego dolido y dañado, absorto y ensimismado, ego de egoísta, el que impide que el amor siga existiendo, quizás ahora de otra forma, pero siempre con el sentido que le podamos dar a todas esas veces que nos miramos a los ojos y nos fundimos en amor.

¿Compensa enamorarme de esa persona que tan bien me cae, con el riesgo a que si sale mal la relación la pierda para siempre? Piénsalo.

Tenemos que trabajar las relaciones, cuidarlas y mimarlas para que perduren. Pero si no lo hacen, por el motivo que sea, por la culpa de uno, o de otro, ¡qué más da!, debemos darle un sentido, un espacio en nuestro corazón, donde el ego no tiene cabida, porque el amor es expansión, y donde éste esté, no haya cabida para ninguna de esas emociones negativas.

Y es que, hoy, lo que hoy somos, es el resultado de todas y cada una de las experiencias vividas en nuestras vida. Somos el resultado de nuestra infancia, adolescencia, de la educación de casa, de la escuela, y de todas las relaciones vividas con amigos y con parejas. Sería una pena obviar esa parte de nuestras vidas, obviar un corazón que una vez te llenó de amor.

Un fallo, un error, un mecanismo que nuestro cerebro adopta para garantizar nuestra supervivencia. Pero mantener al Ego vivo no es supervivencia. Porque un día, cuando pase un tiempo, mirarás atrás y, quizás, solo quizás, recuerdes ese pedacito de tu vida que un día dejaste ir por culpa de un ego que ya entonces habrá sucumbido a la compasión del que aprende que la vida es un tren que solo pasa una vez.

Es un trabajo que debemos realizar. Un patrón de pensamientos a cambiar. Nuestro cerebro es plástico y moldeable, el que nos configura, el mismo, puede ser configurado. No separemos nuestro cerebro de nuestra identidad. Somos lo que pensamos, y con el trabajo adecuado podemos matar al Ego. Depende de cómo pienses, de aceptar que no fue el otro quien jodió la relación, sino ambos, porque en el amor de pareja juegan dos en el mismo equipo, y si la partida se acaba es porque ninguno de los dos supo jugarla. Tendemos a responsabilizar a la otra persona, para sentirnos bien, para sobrevivir. Nuestro cerebro tiene una memoria ilimitada, pero su capacidad cognitiva sí lo es. Si responsabilizamos al otro, si gana el Ego, estamos salvados. Nosotros no tenemos que cambiar nada puesto que fue culpa del otro. Es el trabajo del Ego, impedirnos crecer en pos de mantener recursos para otras cuestiones. Matar al Ego es crecimiento y aprendizaje pero requiere un esfuerzo. El esfuerzo por cambiar y aceptar nuestra responsabilidad.  


martes, 25 de agosto de 2015

La persona que solía conocer. Síndrome de Capgras...

Eres tú…

Lo sé, por ese lunar que besa tu labio y que tanto me gustaba acariciar con los míos. Lo sé, porque hueles a ti, al perfume de hogar que impregnaba cada uno de los rincones que ahora se encuentran vacíos. Lo sé, porque el sonido de tu voz sigue siendo el mismo que suena en mi mente, aunque ahora con otras notas, las de despedida, las de historia acabada, las del crepúsculo cuando ya no hay más guión en esta película. Lo sé, porque te mueves de forma parecida a como solías hacerlo, aunque ahora pareces ir en otra dirección. Lo sé, porque reconozco esa sonrisa que intentas retener pero que se te escapa de vez en cuando haciéndome de nuevo dudar, aunque ahora, efímera y fugaz, parece una ilusión. Lo sé por el tono de tu piel, porque parece igual de cálida que lo fue aquella preciosa tarde de verano, aunque ahora siento frío cuando me acerco lo suficiente a ti. Lo sé… pero no te reconozco.

Ahora eres solo una impostora, una extraña disfrazada del amor, un títere guiado por los hilos del olvido, insustancial, sin esencia. Ahora eres aquella persona que solía conocer…

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No vemos con los ojos, sino con el cerebro. La imagen entra a través de los ojos y en la retina el estímulo visual es transformado en impulso eléctrico. Este impulso viaja por el nervio óptico hasta las profundidades del cerebro, y cuando alcanza las regiones corticales nos hacemos consciente del estímulo visual externo. Pero esto no ocurre en una sola región cerebral, sino que tenemos más de 30 regiones cerebrales para cada una de las características de una imagen. Un área, por ejemplo, percibe los bordes y contornos, otra el movimiento, otra el color y así sucesivamente hasta “recoger” todas y cada una de las características del estímulo. Una de estas áreas, llamada Giro Fusiforme, está encargada del reconocimiento exclusivo de las caras. Cuán importante era el reconocer un rostro determinado que disponemos una sola región encargada de esta misión. Tiene cierta lógica cuando tenemos que diferenciar el rostro de nuestra pareja, de nuestro jefe o de un enemigo. Si existe una lesión en el Giro Fusiforme no seríamos capaces de diferenciar entre rostros diferentes. Seríamos pues capaces de percibir la velocidad con la que se mueve un objeto, su color, su forma, pero no reconoceríamos el rostro de nuestra pareja o de nuestra madre. Esta incapacidad debido al daño en el Giro Fusiforme se llama Prosopagnosia.

Sepa el lector que todas estas áreas están interconectadas entre sí, de manera que nuestro cerebro pueda integrar toda la información. Podemos saber que ese objeto redondo, amarillo y con líneas blancas que viene a gran velocidad es una pelota de tenis. De esta forma nuestras regiones cerebrales motoras son capaces de realizar los cálculos necesarios para realizar la correcta recepción de la aterciopelada pelota. ¿Has pensado cuán difícil debe ser realizar esta acción? Imagina coger un huevo de la nevera. La disposición de los dedos, la justa presión para que no se te caiga y para a su vez no estrujarlo. Pero la cosa es aún más brillante. ¡Sabio cerebro y sabia naturaleza! Existe una conexión más asombrosa aún. Esta viaja desde el Giro Fusiforme hasta las amígdalas y otras áreas del Sistema Límbico, el centro emocional de nuestro cerebro. El síndrome de Capgras se produce cuando existe una lesión en estas vías de comunicación entre el área relacionada con el reconocimiento de caras (Giro Fusiforme) con los centros emocionales de nuestro cerebro (sistema Límbico). En este caso, el paciente es capaz de reconocer el rostro de la persona que tiene enfrente porque su Giro Fusiforme está intacto, pero no llega a percibir la emoción que acompañaba anteriormente a dicha imagen. Lo que le ocurren a estos pacientes es que reconocen el rostro de esa persona, pero no existe relación entre el rostro y la emoción que desencadenaba el mismo. Parece obvio pensar que el rostro de una pareja o una madre suscita una emoción. Pero, ¿de verdad crees sentirla y ser consciente de ella cuando llevas cuatro años conviviendo con tu pareja? Está claro que cuando estás enamorado o cuando llevas dos días sin ver a tu pareja o a tu madre y por fin se produce el reencuentro percibes la emoción del instante. Pero esa relación es algo más profunda, casi imperceptible en muchas ocasiones. Cuando esta lesión en las áreas cerebrales que conectan Giro Fusiforme con el Sistema Límbico el paciente cree que su pareja, sus padres e incluso en ocasiones su perro son impostores. Obviamente reconocen el rostro, saben que es el rostro de su padre, identifican sus rasgos faciales, pero no asocian ningún sentimiento ese rostro. Esas personas se convierten, para los pacientes, en aquellas personas que solían conocer.

Lo curioso es que estos pacientes sí identifican a las mismas personas si en lugar de verlas físicamente las oyen por teléfono. Separados en habitaciones diferentes y solo separados por una puerta, comunicándose a través de un teléfono móvil, el paciente distingue a la pareja, padres y, si éstos hablaran, también a sus perros. Pero tras colgar en teléfono y entrar en la habitación el paciente se siente asustado y literalmente puede manifestar enojo con “el impostor” por haber sustituido a la persona por la que solía sentir un gran vínculo emocional. Esto es porque las conexiones desde los centros auditivos con el Sistema Límbico sí están intactas.

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¿Podrían existir diferencias significativas en las conexiones entre el Giro Fusiforme y el Sistema Límbico cuando una relación sentimental acaba dejando esa sensación de desconcierto que tenía el personaje con el que introducíamos este artículo?

jueves, 20 de agosto de 2015

Intenciones, consecuencias y moralidad en una era virtual...

Un tren viene a toda velocidad. Tú observas cómo en las vías del tren hay cuatro personas atrapadas en un coche. El impacto será inminente y letal. Desde tu segura posición puedes acceder a una palanca que desviaría el convoy hacia una vía secundaria, pero en ésta se encuentra un empleado de mantenimiento que morirá si desvías el aparato. Mueren cuatro personas o muere una persona. ¿Qué harías?

Ahora una situación similar. Viene un tren a toda velocidad. Observas lo mismo que antes, cuatro personas atrapadas en un coche en mitad de las vías. El impacto será inminente. Tu estás en el seguro andén. Junto a ti una persona muy grande con una pesada mochila a sus espaldas. Si empujas al corpulento señor harás que el tren se frene y que no mate a las cuatro personas atrapadas en las vías dentro del coche, pero el caballero morirá. Mueren cuatro personas o muere una persona. ¿Qué harías?

Parecen casos similares. La mayoría de la gente no encuentra "ningún" problema en accionar la palanca del primer caso, pero no empujaría al corpulento señor (o por lo menos se le nota la tensión cuando piensa en ello), pues la acción de empujar al caballero ejerce una fuerza emocional mucho más fuerte que accionar la palanca. ¿Qué diferencia hay si en ambos casos estás matando a una persona para salvar cuatro vidas humanas?

Somos seres sociales por naturaleza. Aprendimos que en sociedad podríamos obtener más ventajas que viviendo en solitario. Enseguida se creó una moral social, en la que, obviamente, estaba mal visto realizar una acción directa sobre un “igual” cuando éste pudiera sufrir algún daño. Si hacíamos esto se disparaba nuestra alarma emocional sancionadora. Sin embargo, por aquellos tiempos de cavernas y mamuts no existían palancas accionar ni interruptores que pulsar, por lo que la acción de tomar la decisión de pulsar un interruptor o accionar una palanca no ejerce en nosotros esa alarma emocional tan fuerte, sino que más bien el juicio de estas acciones está relacionado con otra región del cerebro, mucho más reciente, encargado de la toma de decisiones. Resumiendo, la acción directa activa más nuestro sistema emocional que cuando la acción es indirecta. Los psicópatas, con grades deficiencias en las conexiones reguladoras de las emociones, no ven diferencias en los dos casos expuestos anteriormente.

En los experimentos de Milgran, en los que un individuo suministraba descargas eléctricas a una persona cuando ésta fallaba una tarea de memorización, hubo un aumento de personas que se echaban atrás en la aplicación de las descargas cuando se encontraban en la misma habitación que la persona que recibía el eléctrico castigo. De nuevo, un ejemplo más de la relevancia de la acción directa en las conductas coercitivas, y, por supuesto, aunque no es el tema a abordar, en las afectivas.

Cada vez nuestras relaciones interpersonales son más abundantes. Redes sociales, chats, mails. Podemos decidir en un instante, mientras que esperamos en la cola del supermercado por ejemplo, hablar con alguien. Solo tenemos que sacar nuestro Smartphone y ver quién, de esos 752 amigos, se encuentra online en ese preciso momento en el que el empleado de caja del súper no sabe el código de la remolacha. Acceso instantáneo, pero de acción indirecta.

Las maravillas de la tecnología, la majestuosidad de las herramientas comunicativas impensable hace no demasiados años. Hoy mismo he estado hablando con una amiga que está en Hawái, mandándonos fotos e intercambiando opiniones de la subjetiva apreciación de la belleza de las playas del mundo. Hoy mismo he visitado Hawái, y eso es un dinero que me he ahorrado (véase la ironía).

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Los niños menores de seis años suelen realizar un juicio moral basándose más en las consecuencias de una conducta que en la intención de la misma. Ellos no ven la diferencia entre romper el precioso jarrón de mamá que decora el salón desde hace años al tropezar sin querer, que no romperlo aún habiéndole tirado, en un momento de rabieta descontrolada, una pelota adrede con la intención de hacerlo estallar en mil pedazos. Esto es porque, aunque no lo crean, existe un área en nuestro cerebro (y esto es ciencia. Podéis ver más pinchando aquí) encargada de evaluar e interpretar lo que piensan los demás y así poder emitir juicios morales. Esta área, llamada área temporoparietal derecha, se activa, y con esta activación interpreta y evalúa,  cuando vemos a una persona realizando una acción. Lo que le ocurre a los infantes menores de 6 años es que, al igual que otras muchas regiones cerebrales en la infancia, el área temporoparietal derecha no se termina de desarrollar hasta aproximadamente esa edad. Seguro que muchos de vosotros, alguna vez en vuestra infancia, aún sin haber tenido intención de realizar algún que otro destrozo doméstico, oyó la voz acusica de un hermano que decía: “te la vas a cargar cuando se entere mamá”. En el experimento, como habéis leído, se inhibía, con estimulación magnética trascraneal, esa región cerebral y los participantes, adultos, realizaban juicios morales no ya por la intencionalidad de la conducta, sino por las consecuencias, intencionadas o no, que éstas tenían.

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¿Cómo podríamos relacionar estos dos conceptos, acción directa o indirecta, y juicios morales dependiente de la intención o las consecuencias?

¿Serían simples especulaciones vaticinar que las carencias comunicativas directas que los medios virtuales están provocando nos están permitiendo realizar conductas que de alguna otra manera no realizaríamos si nuestras acciones y relaciones interpersonales se realizaran de una forma más directas y que, al mismo tiempo, situándonos ya no en el papel del autor o ejecutor de la conducta indirecta, sino en el de la persona que es víctima de ésta, estas formas de conexiones virtuales indirectas podrían estar modificando nuestros sistemas neuronales implicados en los dos “tipos” de juicios morales descritos anteriormente?

Pero no solo las acciones indirectas comunicativas se realizan a través de la red de redes. ¿Quién no ha experimentado la agresividad de alguna persona desde el interior de su vehículo? ¿Quién no ha oído cómo la multitud insultaba a un árbitro de fútbol? Seguro que si ese conductor que muestra una actitud agresiva o ese espectador insultante estuvieran directamente en contacto con las personas víctimas de sus conductas amorales la cosa era bien distinta. Claro está que podríamos achacar esa agresividad a la cobardía de estos individuos que se aprovechan de la inaccesibilidad de la otra persona para expresar su frustración vital (y seguro que así es), pero me atrevo a decir que, sin duda alguna, ese distanciamiento nos deshumaniza, aniquilando nuestra empatía, y por esa razón el ser frustrado es capaz de realizar esa conducta.

Por el contrario, ¿cómo juzgar una acción y/o un comportamiento como intencionado o no sin entablar acciones directas, desde el otro lado de la barrera comunicativa que es internet, el automóvil o el cordón policial que rodea el estadio de fútbol? ¿Cómo emitir el juicio objetivo (dentro de toda la objetividad posible en un mundo subjetivo) de una acción virtual? ¿Nos deshumanizan las redes sociales, los grupos de Whatsapp y los e-mails, y nos regresan a una infancia aún en vías de desarrollo moral?

Sin duda, el papel de las neuronas espejo (ese conjunto de neuronas encargadas de imitar el comportamiento ajeno, cuyo papel en el aprendizaje por observación es determinante y necesario y, a su vez, encargadas también de descifrar el estado emocional de los demás, ese conjunto de neuronas madres de la empatía) juega un papel relacional fundamental tanto en la capacidad de tomar una decisión por acción directa o indirecta como para emitir un juicio moral correcto y satisfactorio para la sociedad actual.


Claro que, ¿cómo mirarnos a un espejo que se esconde detrás de un teclado?

lunes, 17 de agosto de 2015

Terapias Alternativas: cuestión de modas...

Si buscamos en el diccionario la definición de libertad encontraremos la que sigue:

Libertad: Facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad: la libertad es un derecho humano básico.

Libertad de decisión, de cátedra, de expresión. Cuando sentimos que no la poseemos, anhelamos la libertad más que cualquier otra facultad o característica que pueda gozar el ser humano. Todo el mundo quiere sentirse libre, pues tal y como se cita en su definición, es un derecho humano básico.

Pero, ¿realmente somos libres? Asusta pensar que no, ¿verdad?

Recuerdo que, cuando vi Matrix por primera vez lo primero que pensé, una vez acabado el filme, es que podría estar basada en hechos reales (sepa el lector asociar correctamente la analogía metafórica).

La cuestión entonces es hasta qué punto gozamos nosotros de libertad absoluta o somos víctimas de un sistema que nos hace pensar que realmente lo somos, al mismo tiempo que danzamos al unísono cual marioneta de trapo es manejadas por un niño caprichoso.

¿Acaso no vestimos como quieren que vistamos, no comemos lo que quieren que comamos, no nos gustan los chicos y las chicas que quieren que nos gusten, no pensamos, sí, pensamos, como quieren que pensemos? Echa un vistazo ahora mismo a tu alrededor, ahí donde estés en estos momentos, y podrás darte cuenta de lo que quiero decir.

Durante años, la publicidad ha utilizado un método infalible para adoctrinarnos; esto es, manipularnos desde la creencia que somos nosotros mismos quienes decidamos. Siempre de una forma sutil e indirecta, pero demoledora. Una vez un chico le decía a su pareja que vistiendo ropa de la marca “E9” (una línea de ropa casual de escalada) se escalaba mejor. Por supuesto que la psicología ha estudiado estos fenómenos de masas llegando a la conclusión de que son tres los aspectos que influyen y se relacionan con los efectos engañosos de la publicidad y el marketing. La edad, el nivel de conocimiento y la autoconfianza en las propias habilidades y capacidad de autocontrol, formándose una relación inversamente proporcional entre el efecto de la publicidad y las características mencionadas. Esto es, a menor edad, menor nivel de conocimiento y menor autoconfianza en las propias habilidades y capacidad de autocontrol mayor es el efecto que ejerce la publicidad en el individuo.

El tema de la edad se suele solventar (véase la ironía en la palabra “suele”) con el paso del tiempo, pero las otras dos características van más de la mano de la educación y de la propia sociedad que maneja los mismos hilos con los que nos movemos. Es un bucle, porque si tenemos que poseer mayor conocimiento y mayor autoconfianza en nuestras propias habilidades y la capacidad de autocontrol para que no seamos víctimas de una publicidad engañosa y traicionera y la educación externa y la sociedad solo nos están ofreciendo, y por ende convirtiendo, en personas vacías y carentes de opinión es bastante probable que nos ahoguemos en nuestra propia ignorancia, y todo ello sin darnos cuenta.

Y aquí es donde nos quedamos “esperando” que un día, como por arte de magia, nuestra computadora se encienda en mitad de la noche dejándonos las señales para que sigamos al conejo blanco a su madriguera. Mientras tanto, aquí seguimos conectados a los hilos de la ignorancia, saboreando la libertad como esa carne extinta que solo existía en la mente de Neo.

Para mí la libertad se fabrica en nuestras mentes a través de la introspección individual, la meditación, sin mantras, sin posición de loto, sin chacras, sin meridianos, o con ellos si es más fácil, pero con uno mismo desde la individualidad. Pero, ¿cómo hacerlo si sólo sé que no sé nada? Con deseo, anhelo y ansia de conocimiento, con pensamiento crítico, mente flexible y con la humildad suficiente para aceptar que no todo lo que vemos, que no todo lo que oímos y, por supuesto, que no todo lo que hasta ahora hemos creído es necesariamente cierto.

Antes se le llamó footing, más tarde jogging, y ahora se le llama running, cuando realmente es correr lo que hacemos. Algo similar ocurrió con el cycling y el spinning para la bicicleta estática. El bífidus, la lecitina, los productos light. Los viajes a India, a cualquier parte de India, pues no conozco India, pero quiero ir a India, o Tailandia, porque lo exótico está de moda.

Algo similar, y más preocupante que el yogur con bífidus, está ocurriendo con las "terapias" alternativas en salud mental. Una vez (digo una vez por ser benévolo) oí a alguien decir que no creía en la psicología. Entonces esa persona comenzó a tratar su ansiedad, (¿o era depresión, o era Trastorno Obsesivo Compulsivo, o era “solo” un duelo, o era un Trastorno Dismórfico Corporal, o era Trastorno de Estrés Postraumático, o era Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad?) con Flores de Bach, acupuntura, e incluso Reiki. Dos años han pasado. Sin mejorías.

Lejos de criticar a quienes puedan creer (y el efecto placebo está más que demostrado ya que el simple pensamiento que un individuo puede tener acerca de su mejoría y recuperación genera la liberación de unos neurotrasmisores específicos llamados endorfinas, esto es, unos opiáceos moduladores del dolor, entre otras cosas) en las diversas “terapias alternativas” he de hacer una distinción entre dos conceptos bien diferenciados, pero que a veces mal utilizados: Creer y saber. 
Pues podemos creer que va a llover mañana, pero puede ser que no llueva, por lo que no sabemos si finalmente lloverá. Podemos creer en Dios, pero hasta el día que "te toque", nada. Podemos creer que el Barça volverá a ganar la liga, pero hasta que no acabe la temporada no lo sabremos, y eso que esto último es más que probable teniendo a Leo Messi en sus filas (tenía que decirlo). Sin embargo, sabemos que la tierra es redonda porque tenemos pruebas empíricas que así lo corroboran, sabemos que las emociones de miedo “nacen” en nuestro cerebro porque hay una región en él, llamada amígdala, que sin ésta la persona deja de expresar dicha emoción, sabemos que la desensibilización sistemática es efectiva para las fobias, que la meditación reduce la activación de la amígdala (que también está relacionada con el estrés y la ansiedad), sabemos que una lesión en la corteza  prefrontal ventromedial está asociado con un déficit de control emocional e impide que el sujeto realice la toma de decisiones de una forma correcta, esto último también se puede observar en individuos psicópatas. Sabemos y creemos son dos concepciones diferentes. La psicología es una ciencia, guste o no, pues eso es lo puede hacer en un individuo, gustar o no, pero no deja de ser algo empírico y demostrable.

En absoluto estoy diciendo que estas “terapias” alternativas funcionen o dejen de hacerlo por el hecho de que no hayan sido demostradas científicamente, pues, de hecho, muchas de las cosas que hoy en día sabemos primero fueron creencias, y luego, tras rigurosos estudios científicos, fueron fruto de conocimiento, de sabiduría. Pero del mismo modo que no podemos omitir que la tierra es redonda y que es ésta la que gira alrededor del Sol y no al contrario, no podemos obviar que la psicología, como ciencia, y como terapia, en cualesquiera de sus numerosas corrientes, es eficaz, al margen de que, como en todos los campos, existan psicólogos buenos y no tan buenos.

Ahora bien, ¿obviar lo que sí funciona, demostrado empíricamente, en pos de modas alternativas sin regazo científico en cuanto a salud se refiere, me parece una osadía de necios. ¿Seguirías tomando Actimel sabiendo que un plátano refuerza tus defensas más aún y éste último cuesta tres veces menos? Así de engañosa es la publicidad, y así de necios son los que siguen comprando un producto como el de la conocida marca de lácteos. ¿Por desconocimiento, por moda?


Que una depresión, o cualquier otro trastorno mental, pueda ser tratado con Flores de Bach, con acupuntura, con Reiki o con craneosacral, es un hecho; que tenga resultados más allá del simple placebo es algo bien distinto. ¿Y si el paciente se encuentra mejor, no es suficiente? Puede que sí, pero, ¿y las otras muchas veces que no lo hace? El paciente está pagando un precio por un producto cuya efectividad dista mucho de ser válida; y mientras paga, mientras se alinean los astros, mientras los centros se ponen donde se tiene que poner, pierde dinero, salud, y la posibilidad de que se le apliquen técnicas eficaces, demostradas a lo largo de muchos años de investigación, aunque eso sí, quizás menos cool, o se dice molón, o guay….